ESTA TRIUNFANDO LA MENTIRA

ESTA TRIUNFANDO LA MENTIRA

Artículo de opinión publicado el 5 de enero en el diario las Provincias por Jesus Ballesteros, Catedrático Emérito de Filosofía del Derecho y Filosofía Política, Universitat de València. 

Hace aproximadamente trece meses escribí un artículo titulado ‘La postverdad: las mentiras que nos gustan’. El artículo se publicó primero en el diario LAS PROVINCIAS, concretamente el 9 de diciembre de 2018, y posteriormente en el libro coordinado por el prof. Aniceto Masferrer, ‘Para una nueva cultura política’ (Madrid: Catarata, 2019).

La tesis que defendía allí es la de que en el mundo político había, entre otras muchas, tres grandes mentiras, la que representa Trump, basada en la falacia de que el mundo roba a Estados Unidos, cuando desde el 15 de agosto de 1971, con la ruptura de los acuerdos de Bretton Woods por parte de Richard Nixon, son ellos los que roban al mundo. La que representa el brexit, basada en la falacia de que la Unión Europa roba a Inglaterra, cuando es ésta desde la City la que ha estado robando con sus apuestas contra los bonos de los Estados, que ellos llaman cerdos (Portugal, Italia, Grecia y España). La tercera gran mentira es la que representa el proces, según la cual España ha estado robando a Cataluña, cuando lo cierto es que no ha habido en la historia de España en cuestión de robos políticos nada comparable a un partido, ¡el de los mil nombres!, que se creó para robar y que lo ha estado haciendo con éxito, enriqueciendo con la más absoluta impunidad a su inventor, su familia y sus descendientes políticos.

Pues bien, el panorama se ha vuelto progresivamente más sombrío. El congreso norteamericano ha apoyado ampliamente el impeachment (juicio para la destitución del Presidente) pero es altamente improbable que ello ocurra en el Senado, donde hay mayoría republicana. En Inglaterra, ha triunfado el partido conservador, convertido en un partido de extrema derecha a las órdenes de un visionario, Johnson, por lo que el brexit está ya en proceso irreversible.

En España, el prestidigitador Sánchez, con la única convicción de mantenerse en el poder, va a hacer posible lo que parecía más ilusorio, el triunfo del procés, al ceder a todas las exigencias de los separatistas especialmente a la convocatoria de un referéndum, que apruebe las acuerdos entre el Estado español, reducido ahora mismo a cenizas, y el pretendido Estado catalán. Esto dejaría indefensos a todos los catalanes que se sientan españoles y a todos los españoles, que sigan creyendo en la igualdad ante la ley y por tanto en la unidad de España, como acaban de recordar García Page y Lambán. Para cualquier político fiarse de su palabra, de la palabra de Sánchez, es lo más arriesgado ya que es el prototipo de lo que podríamos llamar un ‘dividuo’, un individuo a fragmentos, alguien incapaz de mantener su palabra más allá del nanosegundo.

La falacia en este caso es también la de presentarse como el único gobierno progresista posible para España. El lenguaje y con él la realidad sufren aquí una nueva afrenta. Progresista es aquel que defiende las libertades públicas, y sin embargo este gobierno se presenta excluyendo a la prensa y excluyendo todo debate o deliberación pública, empezando por el debate dentro del propio Partido Socialista. A Sánchez ni se le ha ocurrido -él que es tan ocurrente- convocar a la ejecutiva de su partido para aprobar los acuerdos para la formación del nuevo gobierno. Su poder, como el de todos los dictadores, se basa en la apelación a las masas, en su caso a sus militantes, apareciendo como un nuevo Gadafi, que consideraba a su gobierno unipersonal como el gobierno de las masas.

Esta no puede ser la hora de la cobardía y del silencio, sino la del valor y la resistencia. Es necesario reafirmar que el derecho y los derechos están por encima de la voluntad de las mayorías, pero mucho más por encima de las voluntades individuales egolátricas. A Dios rogando, y con la palabra dando