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Joven Licenciado busca empleo

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Publicado en el diario Las Provincias. Domingo, 29 agosto 2010.

Joven Licenciado busca empleo
Por Javier Plaza Penadés. Catedrático de Derecho Civil. Universitat de València

España es diferente, no hay duda, ya que éste es de los pocos países del Mundo donde tener un currículum completo y extraordinario, necesario y recomendable a todas luces, puede representar, especialmente en el ámbito de la empresa privada, un serio inconveniente tanto para acceder al mercado laboral como para promocionar y progresar dentro de la jerarquía de la empresa, circunstancia que puede ser todavía más perjudicial si dicho caudal de formación tienen cuerpo y mente de mujer.

Esa es la dura e injusta realidad que me relatan con cierta frecuencia compañeros y antiguos alumnos míos y, por tanto, la realidad que viven actualmente, especialmente con la crisis económica, bastantes jóvenes licenciados, muchos de ellos con doble licenciatura, con un buen conocimiento del inglés y otras lenguas extranjeras, y con Master o formación de postgrado, y que no encuentran trabajo debido a su excesiva preparación en relación a la cualificación del puesto ofertado o al salario que se les pretende pagar, llegando en ocasiones a ocultar su verdadera preparación con el único objetivo de conseguir un puesto de trabajo “de lo que sea”, donde buena parte de su potencial será desaprovechado o utilizado en un mínima parte.

La dificultad no sólo está en el acceso al empleo, sino en el desarrollo de su vida laboral, especialmente si se da la circunstancia de tener un jefe menos preparado que ellos, de la llamada “Generación Tapón”, que fue la generación que accedió al empleo público y privado con la expansión del sistema político de finales de los setenta y con el desarrollo que ha experimentado España en las últimas décadas, con una formación infinitamente menor que la que tiene la generación actual pero que es muy celosa a la hora de admitir que puedan verse superados o desplazados por jóvenes mucho más preparados que ellos.

La duda del joven con una sólida y completa preparación radica en cómo mostrar su formación y poner todo su conocimiento al servicio de la empresa, ya que en España se evidencia que, por desgracia y en la mayoría de las empresas, lo mejor para ascender es no destacar demasiado, no plantear problemas y hacer siempre lo que se ordena. Aportar ideas nuevas o cuestionar ciertas estrategias del jefe o de los superiores en público está muy mal visto, pero hacerlo en privado tampoco es garantía de éxito, ya que se corre el riesgo de que el jefe o sus superiores se apropien del talento y la originalidad de sus ideas, proyectos y trabajos, a la vez que les niega su progreso normal dentro de la empresa, ya que ellos tienen que salvaguardar su propia jerarquía, por lo que es habitual que sibilinamente se les desplace o margine en la estructura empresarial.

Esta es la triste realidad: en España nunca ha habido tantos profesionales y universitarios tan bien formados, con tantas ganas de progresar y con una tasa de paro y unas perspectivas de empleo tan desalentadoras. Además, es algo que sucede en todos los sectores profesionales, pero especialmente en aquellos en los que hay mayor competitividad o donde la creatividad puede representar un valor añadido.

Creo firmemente que hay que plantearse un cambio en la prospectiva del mercado de trabajo y en la ordenación de las carreras universitarias. Este cambio además debe de ir en consonancia con la necesidad de reestructurar el Sistema educativo español, potenciando y dignificando la educación profesional y adecuándolo a las necesidades reales de empleo. No discuto que la Universidad cumple y debe cumplir una función social de formación, pero creo que debe de haber una cierta coordinación entre las necesidades reales del mercado laboral y las plazas que se ofertan, salvo que queramos convertir a España en una fábrica de licenciados en paro, con las terribles y lógicas frustraciones que ello conlleva.

Pero todo ello debe de ir especialmente acompañado de un cambio, político y de mentalidad, en la realidad empresarial española, donde se valore y se remunere convenientemente la formación, y donde el conocimiento no sea perseguido ni marginado, sino optimizado por una empresa que sepa obtener el máximo provecho del conjunto de conocimientos que poseen actualmente los no pocos jóvenes claramente marginados y perdidos en sus estructuras o los que podrían aportarle nuestros licenciados en paro, porque buena parte de su felicidad, de la buena marcha de la empresa y de la mejora económica del país radica, en mi opinión, en no desaprovechar todo el caudal de conocimiento que los licenciados y los jóvenes con buena formación poseen y que se ha ido forjando con el esfuerzo personal, con el esfuerzo de sus familias, con el esfuerzo de los profesionales de la enseñanza y con un tremendo derroche de recursos económicos del sistema educativo que merecen, sin duda, un justo reconocimiento y un mejor aprovechamiento.