Lo saben hasta los chinos.
Pablo M. Cencillo Abad (Estudiante Lic. Física, Universidad de Valencia)

Cualquier ingenuo ciudadano medio, al tanto de la catastrófica situación en que se encuentra nuestro sistema educativo, podría considerar que las políticas gubernamentales van encaminadas en un amplísimo porcentaje a solventar la ruinosa escena, pero no, ello supondría seguir la lógica racional del buen gobierno, y aquí eso no se lleva.

Parece pertinente, como mínimo, realizar un somero reflejo de lo que las cifras e informes cuentan, y la realidad se encarga de confirmar con inconmovible y desalentadora insistencia.

Los sucesivos informes PISA, sitúan a España por debajo de la media de la Unión Europea y la OCDE, los niveles de lectura, matemáticas y ciencias, son sólo superados, por lo bajo, por Portugal y Malta. En la Comunidad Valenciana, del 2002 al 2006 las tres provincias aumentaron su fracaso escolar un 6% de media. Y a la par que el sistema educativo da evidentes muestras de agonía, otros indicadores nos muestran las terribles consecuencias de esta tan concienzuda voluntad de la clase política de acabar con la cultura y estabilidad social. En el mismo rango de edades un 58 % es consumidor habitual de alcohol, un 27,8 % lo es de tabaco, un 20 % de cannabis, y un 2,3 % de cocaína, un 1 % ha probado la heroína y un 1,4 % consume drogas de diseño esporádicamente.

Estos ilustrativos datos, nos llevan a valorar con algo más de criterio las actuaciones políticas al respecto. Y tal vez en una de ellas debamos enmarcar la que recientemente hemos conocido, y cuya autoría puede imputarse al Consejero de Educación de la comunidad: Font de Mora.

La noticia que puede leerse en los rotativos locales informa de que en algunos institutos de ESO se va a impartir de forma experimental, a partir de Abril, clases de chino. Desconocemos la variedad dialectal concreta que se pretende impartir, dato de cierta relevancia atendiendo a que distintos dialectos del chino se parecen entre sí como un huevo a una castaña. No obstante, el experimento educativo persigue el objetivo de estudiar la implantación del chino “como nueva lengua extranjera”, sumándose así al proyecto “plurilingüe” que ha puesto en marcha la Generalidad en el ámbito educativo.

Si esta noticia la pusiéramos al lado de aquella otra ocurrencia irrisoria, cuanto menos, de impartir educación para la ciudadanía en inglés, que no pasa de ser una excusa para esconder la derrota que supone su implantación en la comunidad, podríamos pasar un rato divertido, pero al parecer, ambas parecen pretender ser pasadas por serias, algo del todo inaceptable.

Esta ocurrencia se muestra cargada de un cinismo insoportable, sobretodo en cuanto al asunto plurilingüe, a la vista de la persecución que sufre cualquier alumno que desee realizar, en la Comunidad Valenciana, sus estudios en lengua castellana, del nivel que sean, en una institución pública. Al respecto resalta por su cercanía el caso de Natalia Santacreu.

Pero roza, si no traspasa, el delito moral e intelectual, que el gobernante encargado de educación, en vez de promocionar políticas útiles que respondan a la terrorífica situación educativa que padecemos, dedique, por pequeños que sean, los recursos del ejecutivo en experimentar patochadas tales con los alumnos. Debería recordársele al Honorable que los experimentos con gaseosa, algo, que saben hasta los chinos.