Políticos JASP.
Pablo M. Cencillo Abad (Estudiante Lic. Física, Universidad de Valencia)

Hace unas semanas se celebró el XIII Congreso Nacional de las Nuevas Generaciones, y como no podía ser de otra manera, pues Rajoy es maestro en ello, se hizo a la búlgara. Entre los objetivos del cónclave: la sustitución del presidente en funciones y la firma de una tregua entre las distintas facciones en pugna por los asientos en la junta directiva de la mentada asociación juvenil.

Nuevas Generaciones es el cursi nombre bajo el que se reúne a los menores de 30 años afiliados al Partido Popular. Una cantera de arribistas, figurantes, agita-banderas e inestimables zalameros en quienes fraguar esclavos morales y políticos de los mediocres caciques que infestan nuestro sistema gubernamental.

Durante estos últimos años, casi cinco, Ignacio Uriarte, Nacho para los amigos, ha sido el encargado de detentar la presidencia de las juventudes. Pero aunque los estatutos marquen que los congresos se deban hacer cada 3 años o que la edad máxima de participación, salvo ejercicio de “responsabilidades” directivas, sea de 28 (mientras que el ya “ex” tiene 30 para 31), al parecer, lo que ha hecho definitiva la convocatoria de la asamblea sustitutiva ha sido que el ahora diputado, según un libro reciente (“La reina de la torre de marfil”, M. Beaumont), es el sospechoso principal, para la dirección del PP, de ser el chivato de José Bono sobre las iniciativas legales y políticas que se emprenderían contra el presidente del congreso por sus casos de corrupción.

El ejemplo de Uriarte es un caso común en la política “del siglo XXI” en España. Jóvenes sin preparación que de la escuela se suben al coche oficial sin terminar su formación y sin pisar ni la calle ni la empresa privada (algo entendible atendiendo a su paupérrimo currículum).

Pero no crean que debido a su inexperiencia los infantes políticos están libres del papanatismo sectario y la ametropía política, condiciones naturales en algunos casos, que triunfan en los rancios ambientes de las sedes de los partidos, antes al contrario. En la sede, la madriguera en que pasa su tiempo esta nueva generación de jóvenes, es donde les enseñarán que el partido es lo primero en esta vida, que trepar debe ser su único objetivo, sin importar ni que ni a quien sacrificar por el camino. Un lugar donde borrar cualquier resquicio de principio moral o rastro de autocrítica, y donde recitar hasta alienarse las consignas de los gurús políticos del partido.

Nacho no es único en su especie, a su alrededor encontrará gente muy parecida a él. De una y otra orientación política, verbigracia Leire Pajín: hoy ministro ayer estudiante. La comparación entre Pajín y Uriarte puede resultar coja probablemente porque Leire sí ha terminado sociología, pero en lo general son bastante parecidos: una carrera política fulgurante y una gestión nefasta.

Habrá quien achaque esta generación a la LOGSE, pero las fechas no cuadran, no por ahora, esperen un poco más y tendrán los engendros de esta norma profundamente contra-educativa. La clave de este espécimen político es la ausencia de autonomía moral y formación teórica para desempeñar sus funciones, son los JASP políticos de nuestra era: jóvenes aunque sobradamente
putrefactos.