Mar 08 2010

¿Economía sostenible o New Deal?

Publicado en el diario Las Provincias. Domingo, 7 marzo 2010

¿Economía sostenible o New Deal?
Javier Plaza Penadés. Profesor Titular de Derecho Civil. Universitat de València

Hará unos cuantos años, en el examen de primero de Derecho, se me ocurrió preguntar, entre otras cuestiones, “la prodigalidad” y… si bien es cierto que la mayoría de los examinados dejaron la pregunta en blanco, otro grupo de “estudiantes” optó por responder con la famosa parábola bíblica del “hijo pródigo”. Cual fue mi sorpresa al descubrir, con honda tristeza, que la mayoría de ellos no sólo no sabía Derecho sino que además desconocían el idioma castellano, pues creían que pródigo era la persona que “tras haber obrado mal, se arrepiente y pide perdón”, ignorando que pródigo es “la persona que administra y gasta de manera desordenada y sin mesura sus bienes” (y de ahí que la parábola se intitule “del hijo pródigo”).

Este es un ejemplo más que añadir a los decepcionantes resultados que el sistema educativo español ha generado tras treinta años de Constitución y que refleja la cultura del español universitario medio. Cultura que, como bien dice el diccionario de la Real Academia Española, es el conjunto de conocimientos que permite a la persona “tener criterio propio”. Pero lo cierto es que cada vez es más difícil encontrar y formar estudiantes que tengan cultura y, por ende, criterio propio, no sé si por interés o por desidia de la clase política, que es la que ha fomentado esta interesada “cultura de la incultura”.

Pero el tema que nos ocupa, por su urgencia que no por su importancia, no es el de la “incultura media” sino el de la “crisis económica actual”, y la referencia a la prodigalidad viene al hilo del calificativo que merece la gestión que en España se ha hecho de una crisis económica (elevada a la categoría de “gran depresión”).

Volviendo a la sabiduría bíblica, las crisis económicas (según el sueño de las vacas gordas y las vaca flacas) son cíclicas, vienen a durar aproximadamente unos siete años y la mejor receta es pasarla con los ahorros y beneficios generados en épocas de vacas gordas, algo que en España resulta imposible ya que el Gobierno, con su pródiga gestión, se ha gastado todo el superávit heredado y ha elevado el endeudamiento a cuotas tan históricas como la del número parados, con medidas de despilfarro como los cuatrocientos euros (prácticamente desaparecidos) o el Plan E, a las que se añaden una serie de ayudas a la banca, al sector del automóvil o a parte de los parados, que, desde luego, no sirven para generar lo que la sociedad demanda con urgencia: empleo estable y de calidad.

Agotado el Plan E y amenazado el sistema de ayudas y subvenciones, esto es, esquilmadas las arcas del Estado, la receta para salir de la crisis resulta ser ahora una Ley, intitulada de “economía sostenible”, pero que, al igual que el “desarrollo (económico, social y medioambiental) sostenible” en el que se inspira la ley, tiene dos cosas en común con el Plan E o con el sistema de ayudas públicas: su elevado coste y su evidente ineficacia, especialmente si con ello se quiere generar políticas de empleo estable.

El debate que planteo es si es suficiente con una Ley para salir de la crisis o si lo que se exige es un New Deal, y mi opinión es que el Gobierno de España, como ya hizo Franklin Delano Roosevelt frente a la inacción y falta de acierto de Herbert C. Hoover ante la crisis económica de 1929, necesita acometer un auténtico New Deal español, moderno y social, que parta de la realidad económica española y que permita reorientar y dinamizar la economía española remodelando todos los sectores productivos, desde el agropecuario al tecnológico, pasando por el de la construcción y el turismo, así como racionalizar y reestructurar las Administraciones Públicas (estatal, autonómica y local), haciéndolas eficientes y descongestionándolas de cargos y puestos públicos innecesarios; y todo ello combinado con una mayor racionalización los horarios comerciales y laborales; una mejora en la productividad; una decidida apuesta por la calidad de los productos y servicios; una mayor racionalización y reequilibrio entre los salarios de trabajadores y los que cobran directivos y políticos; una flexibilización del salario y del mercado laboral; una mayor control del destino de los beneficios empresariales que deben de estar subordinados a las inversiones en la mejora de la empresa; o la promoción de empresas socialmente responsables…

En definitiva, esta grave recesión económica requiere, en mi modesta opinión, de un auténtico New Deal, cuyo contenido sea la reestructuración y reordenación de todos los sectores productivos y del sector público, que sirva de base para la recuperación y el aumento de todo el empleo que se ha destruido, y cuya forma sea un gran acuerdo de Estado, con la oposición y con los empresarios y sindicatos, que permita de verdad que la economía española salga renovada y reforzada de esta crisis.

GESI – UNIVERSITAS

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Mar 03 2010

Globalismo narcisista

Publicado en el diario Las Provincias. Domingo, 21 febrero 2010.

Globalismo narcisista
Aniceto Masferrer. Profesor Titular de Historia del Derecho. Uiversitat de València. Profesor Visitante de la Universidad de Tasmania (Australia) e Investigador Visitante de la Universidad de Melbourne (Australia).

Recuerdo con nitidez lo primero que me dijo una persona, hace ya más de año y medio, al llegar al aeropuerto de Melbourne y pisar tierra australiana por vez primera: “Imagino que, siendo europeo, tienes la idea de que Europa es el centro del mundo, pero no es así: Australia, no Europa -ni Estados Unidos- es el centro del mundo”. Es comprensible que uno tienda a pensar que el mundo gira alrededor del hábitat en el que uno vive y se desenvuelve profesional y socialmente. Esta percepción subjetiva del mundo explica por la propia condición humana, cuya dimensión física le lleva a crear lazos afectivos en el marco de unas determinadas coordenadas espacio-temporales, observando la realidad con el tamiz de una subjetividad condicionada por los propios sentimientos.

Esta tendencia ha existido, existe y seguirá existiendo. Sin embargo, en algunos casos esta mentalidad puede alcanzar unas cotas desmesuradas a todas luces. Es bien conocido que Estados Unidos es probablemente el peor país para estar al día de lo que ocurre en otras partes del mundo: ojear un poco la prensa norteamericana resulta suficiente para percatarse de ello. La prensa europea sí parece estar más abierta a lo que sucede en otras partes del mundo, incluyendo -y de un modo especial- todo lo concerniente al continente norteamericano. Dentro de Europa, no obstante, Alemania, Francia y Reino Unido en ocasiones parecen seguir más de cerca lo que acontece al otro lado del Atlántico que lo que pueda acontecer en su propio continente, sobre todo cuando no les afecta desde una perspectiva económica. Al ciudadano español sí parece interesarle lo que acontece en los tres referidos países europeos, pero en menor medida le suele llamar la atención lo concerniente a otros países europeos, por no hablar Estados latinoamericanos.

Esta perspectiva de la realidad, en no pocas ocasiones basada más en parámetros económicos que en los de índole cultural, deja mucho que desear y resulta un tanto paradójica en un mundo globalizado, donde -teóricamente, no en la práctica- la información está al alcance de todos de continuo, propiciando lo que antaño apenas sucedía, y que yo denomino “globalismo narcisista” o “provinciano”: pensar que es mejor vivir en un continente que en otro, en un país que en otro, en una ciudad que en otra (no digamos ya si de un pueblo se trata, en cuyo caso se podría decir aquello de que “es buena persona, ‘pero’ un tanto pueblerino); apreciar y valorar un país más por su poderío económico que por su patrimonio intelectual y cultural; menospreciar o mostrar indiferencia hacia un país por su sistema político o jurídico, o por las creencias religiosas de quienes lo integran; carecer de interés por lo que acontece en otras partes del mundo (otra cosa es carecer de tiempo para estar siempre al corriente de todo); carecer de interés por conocer nuevas culturas y costumbres; etcétera.

La impartición de un curso sobre “Derecho comparado” en una Universidad australiana durante casi un mes me ha permitido constatar esta realidad de una forma especial. Enseñar nuestra tradición jurídica a un grupo de estudiantes de procedencias tan dispares (Australia, Reino Unido, China, Malasia, Tailandia, Singapur, Indonesia, etc.) resulta ciertamente aleccionador, y me ha permitido aprender una lección que querría no olvidar jamás: descubrir el rostro humano detrás de cada persona, con independencia de la cultura, idioma, religión, etc. Aunque esto pueda sonar a cosa bien sabida, no conviene olvidar que una cosa es conocer en pura teoría una realidad (que sigue permaneciendo ajena al sujeto que conoce) y otra bien distinta es experimentar (donde el objeto conocido forma parte o de adhiere al sujeto que conoce): la experiencia personal siempre resulta mucho más enriquecedora y vital que el puro conocimiento meramente abstracto o teórico.
Australia, siendo un país de origen occidental, se está convirtiendo en un territorio en el que tanto la población como la cultura es cada vez más asiática. El resultando de la suma entre la originaria población aborigen, la occidental y la asiática resulta ciertamente sorprendente. Aunque la población australiana apenas llega actualmente a los 21 millones de habitantes, se estima que en 40 años podría alcanzar los 35 millones, constituyendo probablemente en tal caso la población asiática la mayoría. Este parece ser actualmente uno de los temas que más preocupa a la clase política. Lo que no sé es si tal preocupación se debe realmente a la escasez de infraestructuras necesarias para afrontar este crecimiento, o al hecho de que, de darse tal incremento poblacional, este país podría dejar de ser occidental si el flujo inmigratorio fuera tal que no permitiera su conveniente integración (=occidentalización) en la sociedad. De ahí que, aquí en Australia, en estas últimas semanas las noticias europeas concernientes a los problemas de integración social se hayan venido siguiendo de cerca, apareciendo en la prensa con relativa asiduidad y siendo objeto de tratamiento en los artículos editoriales de la prensa de alcance nacional. En este sentido, la normativa recién aprobada en Francia sobre la prohibición del uso del velo por mujeres musulmanas propició cierta discusión al respecto, lo cual es comprensible pues el tema les afecta, y observan el modelo europeo como referente a tener en cuenta.

No pienso yo que Europa ni Estados Unidos sean el centro del mundo. Latinoamérica, Asia, África y Oceanía son tan céntricos como puedan serlo Europa y Norteamérica y esto es así porque lo que confiere la centralidad no es la geografía ni la economía, sino la personas o las personas en su dimensión antropológica y cultural. Puestos a poner la persona en el centro, donde hay más personas en el mundo es en Asia. Es muy posible que en un radio de 1.500 kilómetros desde Bangkok (capital de Tailandia) viva un 60% del total de la población mundial. Con esto no quiero decir que Asia sea el centro del mundo, pero siendo éste el ámbito geográfico donde más personas viven y se desenvuelven, quizá los países occidentales debiéramos dejar de observar la realidad desde parámetros económicos o meramente narcisistas (o ‘provincianos’), y adoptar una postura más abierta hacia esa otra cultura hasta el punto de descubrir el rostro humano de quienes forman parte de ella.

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Feb 26 2010

Entrevista a Arturo Sancho

Published by isabel under Mejorando juntos

Entrevista
Arturo Sancho
Notario de Rafelbunyol

“La insolidaridad también se ha globalizado”

Arturo saca tiempo cada semana para visitar a los enfermos del Hospital La Fe, como voluntario del programa Mejorando Juntos, una experiencia de la que saca profundas conclusiones sobre el valor de la soledad de los enfermos y lo insignificante de nuestros problemas ante el dolor de los que sufren.

En la foto, Arturo aparece con su padre en el Paraje Natural del Desierto de las Palmas (Benicasim-Castellón).

¿Cómo entraste en contacto con Universitas?
A través de Setu Masferrer, uno de los principales impulsores de este proyecto, quien me animó a participar en las actividades.

¿Qué es lo que más te atrajo de la Fundación?
Que es uno instrumento para animar a los jóvenes a dejar de pensar en ellos mismos; un medio para llegar a sectores de la sociedad, como enfermos y ancianos, que en muchos casos no tienen a nadie con quien compartir su sufrimiento y soledad.

Desde tu experiencia, ¿qué le aporta a una persona, ya profesional en ejercicio involucrarse en este tipo de voluntariado?
Le hace un poco más humano, le ayuda a relativizar sus pequeños problemas de cada día, y a recordar que hemos creado una sociedad donde la insolidaridad también se ha globalizado.

Estás en Mejorando Juntos, visitando para acompañar a enfermos ¿por qué elegiste este tipo de voluntariado y qué tal la experiencia?
Porque creo que es una obligación acompañar a quienes sufren una enfermedad. Visitar a un enfermo no es agradable, a veces es muy doloroso comprobar cómo la enfermedad va terminando con una persona. Pero eso también es una cura de humildad, y además ayuda a valorar más la vida.

La mayoría de tus compañeros en este voluntariado son universitarios y tú ya eres un profesional ¿crees que hay algún límite para ser voluntario en alguna acción social?
Rotundamente no. Y no sólo porque yo ya no sea tan joven…. Los profesionales corremos además el riesgo de ‘aburguesarnos’. La acción social es necesaria siempre, con independencia de la edad de la persona.

¿Cómo animarías a otros a tener esta experiencia?
A cualquiera que lea esto le diría que el contacto profundo con una persona que sufre es una experiencia a mi pobre entender necesaria, y por paradójico que pueda parecer, aporta mucho más de lo que cuesta realizar.

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Feb 26 2010

Entrevista de Actualidad Nuria Chinchilla Directora del Centro Internacional de Trabajo y Familia

Published by isabel under Bienvenido


Nuria Chinchilla
Directora del Centro Internacional de Trabajo y Familia

Juan Antonio Pérez López, profesor del IESE fallecido en accidente el año 1996, dijo que “si el sigo XXI funciona, será porque la mujer tendrá una mayor participación en la vida social”. Nuria Chinchilla, discípula de este profesor, lo corrobora. Madre de dos hijos, profesora del IESE, licenciada en Derecho, doblemente doctora en Economía y Management, asesora de distintos organismos, públicos y privados, así como de gobiernos tanto estatales como regionales, ha sido también la primera mujer presente en el Top 10 Management. Sus dos grandes áreas de estudio son precisamente las de la conciliación familiar y profesional.

Está claro que la entrada de la mujer en el trabajo ha sido un gran avance, pero algunos achacan la crisis familiar a este hecho.
Sí. Trabajar fuera de casa, tal como está pensada la empresa de hoy, es muy difícil. Venimos de un planteamiento decimonónico, donde el punto de vista del individuo es lo que prima, frente al de la familia; de una época en la que el hombre trabajaba y la mujer se quedaba en el hogar. Pero esto ya es pasado. No obstante, ¿qué ocurre cuando la mujer sale a trabajar y se encuentra con una empresa pensada por hombres y para hombres? Le resulta imposible conciliar trabajo y familia. Entonces, la mujer madre empieza a exigir que tengamos unos tiempos, unas posibilidades; algo que también acaba siendo muy bueno para el hombre, es decir, un hombre de trabajo totalmente distinto. Por eso, hay que repensar la empresa, dar un vuelco al modo de entender la sociedad, pero desde el punto de vista de la familia, que es la que nos da capital humano y social, la capacidad de comprometerse, de ser solidarios…

¿Cuál es la solución, entonces? ¿Rebajar horas?
No, no. Se trata de flexibilizar los tiempos. Es la gran revolución pendiente: flexibilizar los tiempos de modo que se pase de un control por presencia, a un control, de verdad, por objetivos. No porque te vean ahí sentado, ante el ordenador, vas a tener futuro en la empresa, sino porque cumples los objetivos: hacer lo que tienes que hacer, bien hecho; desde tu casa, desde la oficina, o desde la Conchinchina…¡Existe el don de la ubicuidad!

Sigue siendo muy difícil la conciliación…
No digo que no. Hay que saber elegir bien: con quién te casas, dónde vives y a dónde vas a trabajar. Eso significa conocerse y tener un proyecto de vida claro. Si te casas, debes tener clara tu “misión familiar”: ser feliz y hacerlo extensivo a los hijos; así, cuando les exiges, sabes que lo haces porque quieres el bien para ellos. Y con el marido: mi trabajo es parte de su misión, y viceversa; el estudio de mi hija, también es parte de la misma misión. Así, en esta trayectoria vital una integra lo mejor que pueda su trabajo. El lema es: tú, tu marido, los hijos…y cuánto tiempo necesitan de verdad. Tiempo y energías. Y si no existe ese norte, el norte será el que me venga dado y no seremos dueños de nosotros mismos, en definitiva.


Pero, por parte del empresario, no parece que sea tan fácil: cada vez que una madre tiene un niño, son cuatro meses de baja maternal; y ahora, dos semanas al padre…Alguien tendrá que sustituirlos, ¿no?

Pienso que si se alargara la baja de maternidad o paternidad, como en otros países, sería mejor. Aquí, con cuatro meses, la empresa no puede buscar a otra persona: cuando ha aprendido lo que tiene que hacer, se va. En cambio, lo que sí ocurre es que los compañeros de trabajo acaban realizando los trabajos del padre o de la madre en cuestión y esto es injusto; además que, como se quede otra vez embarazada, acabarán diciendo que es una egoísta. Si fuera una baja de, por ejemplo, un año, sí que daría tiempo a la persona sustituta; y, a la vez, la empresa va creando una “cantera” de gente polivalente, preparada para distintos puestos.

¿Cuál es el papel del Gobierno en todo esto?
Llevamos tiempo trabajando para que apliquen desgravaciones fiscales a las EFR (Empresas Familiarmente Responsables), que las apoyen…O, todavía mejor (porque no cuesta nada el erario público), que hayan más puntos en concurso público para las empresas que cumplen unos mínimos de flexibilidad y son EFR. De momento, por puntos… Mi sueño es que ser una EFR sea una condición sine qua non para poder abrir o poder seguir con una empresa; como ya lo es hoy la certificación de calidad ISO. ¿Por qué no una y sí la otra, cuando la familia es tan importante y de ella dependemos tantos?

¿Es usted feminista?
Me considero femenina. Lo otro, son otra vez ideologías. Soy femenina porque soy mujer, y encantada de la vida… ¿Es esto feminismo? No me gustan los “ismos”, pero si me tuviera que definir, hablaría de lo que Janne Haaland Matlary, ex Secretaria de Estado noruega, ha dado en llamar “neofeminismo”: no es una lucha contra, sino una lucha con: con los demás, con los hombres, con las familias…Una lucha contra una misma para, con los que me rodean, avanzar. Es una corresponsabilidad, y es mucho más agradable, porque no vas sola.

¿Cree que es una solución el decir “mitad hombres, mitad mujeres”?
No. Poner cuotas es un error. Lo que hay que hacer es analizar por qué ha habido un fallo y actuar para corregirlo.
Por eso, tenemos que ser conscientes de que, sin querer, llevamos un “filtro” que nos lleva a contratar a nuestros iguales. Es lo que llamamos el “techo de cristal”: el que han puesto siempre los hombres a las mujeres para seleccionar y promocionar.

¿Existe realmente una desigualdad?
Sí. Es un problema que tiene una base rea. Esta nueva ley es una revisión de la Ley de Conciliación del 99. Algunas cosas creo que son equivocadas, pero otras, eran necesarias: las contrataciones, los salarios…Aquí había injusticias grandísimas: si eras mujer, eras “limpiadora”: si hombre, “peón de mantenimiento”…y podrías estar haciendo lo mismo. De todos modos, pienso que el mejor modo de vivir la igualdad de oportunidades es el que se vive en familia, donde realmente queremos a las personas por lo que son, sean cuáles sean sus capacidades, defectos, etc. Hay que aceptar que todos somos únicos e irrepetibles.

¿Quién es, entonces, el agente de cambio?
Cada uno de nosotros. Lo que tiene que hacer el Estado es no entrometerse más en cosas que son de la familia, de la persona, de la escuela…El Gobierno – cada gobierno - debe hacer lo que se hace en las democracias modernas: unas leyes marco y, después, no un “laissez fair, laissez passer”, sino un “dejar a cada uno la responsabilidad que tiene”. Y punto. La finalidad de educar no es del Estado, sino de los padres. Es un hambre de poder que siempre ha tenido todo el Estado… y nuestra democracia, donde sólo puedes votar listas cerradas, ha permitido que sea cada vez más así. Hay que ser valientes y pasar de lo que llaman “políticamente correcto”, porque así no se vive: se malvive.

Entrevista realizada por Jaume Figa
Publicado en la revista Mundo Cristiano

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Feb 17 2010

Lo saben hasta los chinos

Lo saben hasta los chinos.
Pablo M. Cencillo Abad (Estudiante Lic. Física, Universidad de Valencia)

Cualquier ingenuo ciudadano medio, al tanto de la catastrófica situación en que se encuentra nuestro sistema educativo, podría considerar que las políticas gubernamentales van encaminadas en un amplísimo porcentaje a solventar la ruinosa escena, pero no, ello supondría seguir la lógica racional del buen gobierno, y aquí eso no se lleva.

Parece pertinente, como mínimo, realizar un somero reflejo de lo que las cifras e informes cuentan, y la realidad se encarga de confirmar con inconmovible y desalentadora insistencia.

Los sucesivos informes PISA, sitúan a España por debajo de la media de la Unión Europea y la OCDE, los niveles de lectura, matemáticas y ciencias, son sólo superados, por lo bajo, por Portugal y Malta. En la Comunidad Valenciana, del 2002 al 2006 las tres provincias aumentaron su fracaso escolar un 6% de media. Y a la par que el sistema educativo da evidentes muestras de agonía, otros indicadores nos muestran las terribles consecuencias de esta tan concienzuda voluntad de la clase política de acabar con la cultura y estabilidad social. En el mismo rango de edades un 58 % es consumidor habitual de alcohol, un 27,8 % lo es de tabaco, un 20 % de cannabis, y un 2,3 % de cocaína, un 1 % ha probado la heroína y un 1,4 % consume drogas de diseño esporádicamente.

Estos ilustrativos datos, nos llevan a valorar con algo más de criterio las actuaciones políticas al respecto. Y tal vez en una de ellas debamos enmarcar la que recientemente hemos conocido, y cuya autoría puede imputarse al Consejero de Educación de la comunidad: Font de Mora.

La noticia que puede leerse en los rotativos locales informa de que en algunos institutos de ESO se va a impartir de forma experimental, a partir de Abril, clases de chino. Desconocemos la variedad dialectal concreta que se pretende impartir, dato de cierta relevancia atendiendo a que distintos dialectos del chino se parecen entre sí como un huevo a una castaña. No obstante, el experimento educativo persigue el objetivo de estudiar la implantación del chino “como nueva lengua extranjera”, sumándose así al proyecto “plurilingüe” que ha puesto en marcha la Generalidad en el ámbito educativo.

Si esta noticia la pusiéramos al lado de aquella otra ocurrencia irrisoria, cuanto menos, de impartir educación para la ciudadanía en inglés, que no pasa de ser una excusa para esconder la derrota que supone su implantación en la comunidad, podríamos pasar un rato divertido, pero al parecer, ambas parecen pretender ser pasadas por serias, algo del todo inaceptable.

Esta ocurrencia se muestra cargada de un cinismo insoportable, sobretodo en cuanto al asunto plurilingüe, a la vista de la persecución que sufre cualquier alumno que desee realizar, en la Comunidad Valenciana, sus estudios en lengua castellana, del nivel que sean, en una institución pública. Al respecto resalta por su cercanía el caso de Natalia Santacreu.

Pero roza, si no traspasa, el delito moral e intelectual, que el gobernante encargado de educación, en vez de promocionar políticas útiles que respondan a la terrorífica situación educativa que padecemos, dedique, por pequeños que sean, los recursos del ejecutivo en experimentar patochadas tales con los alumnos. Debería recordársele al Honorable que los experimentos con gaseosa, algo, que saben hasta los chinos.

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Feb 09 2010

La Ley, dogma de fe

Published by isabel under Bienvenido

Publicado en el diario Las Provincias. Domingo 31 enero 2010

La Ley, dogma de fe
Arturo Sancho. Notario.

Según el CIS, y no entraremos en este artículo a valorar la mayor o menor credibilidad de este ente, la preocupación de los españoles por la clase política ha crecido ostensiblemente, sobre todo tras los últimos escándalos de corrupción. Y es que la depauperación de la clase política en España es un hecho generalizado e incontrovertible. El ciudadano percibe cada vez más on mayor nitidez que una parte muy importante de sus representantes políticos tiene poca preparación, que han ingresado en política para obtener un lucro, y, lo que es peor, que no tienen el más mínimo interés en resolver sus problemas. Una de las consecuencias más notables y significativas del empobrecimiento de la política es la invasión del Estado en ámbitos teóricamente privados: la promulgación de cualquier ley se erige, o se intenta erigir, como una especie de agujero negro que succiona hasta la conciencia del individuo.

El proceso es bastante sutil: el poder legislativo conforma una ley, el poder legislativo aprueba una ley, y al ciudadano, abrumado y asustado, sólo le quedará el deber insoslayable de cumplirla, incluso si tuviere la osadía de llegar a pensar que el legislador ha creado una ley que
cercena libertades del individuo, o incluso ¡al propio individuo! “Es una ley aprobada por un parlamento elegido democráticamente por los ciudadanos”, se oirá hasta la saciedad a partir de ese momento.

Sí, pero también los nazis aprobaban leyes la mar de democráticas y no por eso eras menos abyectas. En el proceso que hemos descrito anteriormente no podemos olvidar un detalle nada pequeño: con frecuencia esa ley trata de imponer solapadamente un código ético. Con ello el círculo se cierra: el legislador crea una norma, el legislador moraliza a través de la norma, el ciudadano obediente la acata, el ciudadano es moralizado a través de la norma.
Las subsiguientes preguntas son inevitables: ¿por qué quiere moralizar el legislador?, ¿qué tipo de moral quiere imponer el legislador? Es probable que haya otra pregunta más dolorosa: ¿le importa al ciudadano que el legislador le imponga su moral? Nos tememos que no. Nos tememos que el ciudadano tiene otro tipo de preocupaciones pues, como dijo Hans Kelsen, las intuiciones sobre lo que es bueno o malo, se encuentran, como el Derecho, en permanente cambio. Traslademos estos parámetros a la actualidad: el Gobierno de España, aprovechando una sociedad civil anestesiada, y apoyado por medios de propaganda, redacta leyes que
moralizan a una ciudadanía que, so pena de ser tachada de antidemocrática, las aplaude mansamente.

En la tramitación de la ley de ampliación del aborto esto se ha podido comprobar con meridiana claridad. Con el agravante de que algunos argumentos esgrimidos por algunos políticos se mueven entre lo obsceno y lo ridículo-grotesco: que la mujer es libre para decidir sobre
su “propio cuerpo”, que el aborto es un derecho, que el feto es “sólo” un ser vivo, o que hay que posibilitar una nueva ley que otorgue mayor “seguridad jurídica” a la mujer embarazada. Sí, probablemente habría que realizar un reparto de culpas y hacer corresponsable a una sociedad que se queja amargamente de las grandes injusticias de nuestro tiempo, pero que bendice cómplice y silente argumentos de este tipo, y que durante varias décadas y con gobiernos de distinto signo ideológico ha permitido el aborto.

Por eso convendría recordar que en Europa tuvo que pasar muy poco tiempo para que hubiera un repudio universal a los grandes genocidios del siglo XX (con la sangrante excepción de la Rusia de Stalin). Ahora esa misma Europa permanece impasible ante el genocidio de guante blanco que se perpetra en nuestras ciudades. Es difícil creer que una civilización que como en el mito de Saturno devora a sus propios hijos pueda ser recordada en el futuro como un ejemplo de progreso.

Günter Grass hablaba en “El rodaballo” de un personaje que tempotransitaba por los siglos, a lo largo de distintos períodos de la Historia. No creo que la ley de ampliación del aborto tempotransite demasiado, entre otras razones porque esa misma la ley ni siquiera deja
tempotransitar al propio nasciturus.Y ese Parlamento, tan sonriente y orgulloso de sí cuando alumbre y dé a luz su nueva ley, su nuevo dogma de fe, quizás con el paso del tiempo tendrá que, cuando mire atrás, agachar la cabeza y repetir como Macbeth “dimos lecciones de sangre que retornan, atormentando, al instructor”.

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Feb 09 2010

“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección” Antoine de Saint-Exupery


Antoine de Saint-Exupery

Autor de la celebérrima novela El principito, Saint-Exupery nació en 1900, en Lyon (Francia) y murió con 44 años en un accidente de aviación en el mar Tirreno. Novelista y aviador, sus experiencias como piloto fueron a menudo su fuente de inspiración. Tercero de los cinco hijos de una familia de la aristocracia su padre tenía el título de vizconde, vivió una infancia feliz en las propiedades familiares, aunque perdió a su progenitor a la edad de cuatro años. Estuvo muy ligado a su madre, cuya sensibilidad y cultura lo marcaron profundamente, y con la que mantuvo una voluminosa correspondencia durante toda su vida.

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Jan 06 2010

“El optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo” G.K. Chesterton

Gilbert Keith Chesterton

Ensayista y novelista inglés (Londres, 1874-1936), entre sus creaciones más importantes se encuentran estudios teológicos, polémicas y libros de poesía aunque, en la actualidad, su fama se debe a sus novelas y a una serie de relatos que narran las aventuras detectivescas del afable y católico Padre Brown. Entre sus títulos más conocidos se encuentran El hombre que era jueves, El arte del asesinato: once relatos de crimen e investigación, Correr tras el propio sombrero y otros ensayos, y Un hombre vivo. Chesterton mostró siempre en sus obras una honda preocupación religiosa, un agudo sentido del humor y un espíritu crítico mediante el empleo de la paradoja, con un estilo brillante, vigoroso y agudo.
Para saber más sobre esta figura de la literatura inglesa, puedes enlazar con http://www.britannica.com/EBchecked/topic/109780/G-K-Chesterton

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Dec 22 2009

Felicitación Navideña 2009 Presidente Universitas

Queridos amigos:

Siguiendo una de las mejores tradiciones cristianas os hago llegar a todos mi más cálida felicitación navideña: la llegada del Niño Dios, en el seno de la Sagrada Familia, constituye un maravilloso ejemplo de sencillez, alegría y generosa entrega a los demás para todos nosotros.

Pienso que actualmente conviene insistir y enfatizar el carácter de la Navidad como fiesta familiar: aunque el bullicio general nos puede distraer, resulta muy oportuno recordar y reconocer, especialmente en estos días, ese rasgo genuino de convivencia y encuentro familiar.

La Navidad, así entendida, es una espléndida ocasión para recordar y agradecer la aportación y apoyo permanente de todas aquellas personas y empresas que, con su ayuda y colaboración, hacen posible y nos permiten dar contenido y continuidad a las labores que desarrollamos en la Fundación Universitas y AVASSV.

Son ellos, voluntarios, amigos, socios protectores y empresas colaboradoras, quienes con la sencilla y alegre entrega de parte de su tiempo, y también de algún dinero, permiten que nuestra Fundación cumpla con su misión y contribuya a desarrollar, promover y fortalecer, entre los jóvenes universitarios, un conjunto de valores tales como la solidaridad, la exigencia profesional, el pensamiento crítico, el deseo de búsqueda de la verdad, la capacidad de análisis de las realidades sociales y tantos otros que estructuran y consolidan su madurez humana y su compromiso con la sociedad.

En nombre de Universitas os hago llegar mi más entrañable felicitación, mi profundo agradecimiento y mis mejores deseos para que en el nuevo año el Niño Dios nos siga ayudando.

Con todo mi afecto,

felipe prósper

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Dec 13 2009

Terrorismo y Derechos humanos precarios

Publicado en el diario Las Provincias. Domingo, 13 diciembre 2009.

Terrorismo y Derechos humanos precarios
Aniceto Masferrer. Profesor Titular de Historia del Derecho. Uiversitat de València.
GESI - Universitas

El atentado terrorista del 11/S de 2001, seguido del que tuvo lugar en Madrid (2004) y Londres (2005) ha abierto un debate científico en torno al difícil equilibrio entre la seguridad y la defensa de los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo en los Estados democráticos. En otras palabras, se ha venido debatiendo en qué medida un Estado democrático puede restringir o conculcar los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos a fin de garantizar la seguridad nacional. Los abusos cometidos en Guantánamo tras el atentado de las torres gemelas, así como la guerra de Irak, la intervención militar en algunos países y la promulgación en numerosos países de leyes encaminadas a establecer medidas preventivas y a castigar crímenes terroristas tras la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, han planteado numerosas incógnitas a estudiosos de diversas disciplinas como el Derecho, la Filosofía y la Ciencia política, entre otras, no fáciles de resolver.

En principio, y en pura teoría, existe unanimidad en que los derechos humanos constituyen, en general, el límite más allá del cual los Estados no deben rebasar, por muy buenos y loables que sean los fines que se persigan. En la práctica, sin embargo, raras veces existe acuerdo al respecto. Baste con señalar que todavía hoy no existe unanimidad en torno a la noción de acto terrorista o delito de terrorismo, existiendo nociones diversas, algunas de las cuales resultan incluso incompatibles. Además, tampoco existe entre no pocos estudiosos una idea clara de lo que son los derechos humanos, y mucho menos sobre su origen y fundamento. Algunos sostienen que no son otra cosa que una creación de la cultura occidental que trata de imponerse al resto del mundo. Otros sostienen que no son otra cosa que el resultado de un acuerdo plasmado en una serie de Declaraciones que siguen gozando de vigencia en la actualidad. Muchos reconocen que los derechos humanos hunden sus raíces en la dignidad humana, pero tampoco parecen tener clara la noción de dignidad humana.

Si se desciende al análisis de determinados derechos humanos en particular, se constata que no existe una jerarquía clara entre ellos, lo cual origina problemas constantes cuando diversos derechos humanos entran en conflicto: el derecho del nasciturus y el interés de la madre; la libertad de expresión y la libertad religiosa; la libertad de prensa y el derecho a la intimidad y a la imagen; etc. En relación al terrorismo, se discute si existe un “derecho a la seguridad” del ciudadano. A fin de garantizarlo, al Estado se le conferiría una potestad que le permitiera la restricción de determinados derechos fundamentales (o civiles) de los individuos, como condición necesaria para lograr un clima de seguridad que, una vez obtenido, permitiera poder gozar nuevamente de los derechos temporalmente restringidos.

Bajo esta perspectiva, no parece que los derechos fundamentales hundan sus raíces en la propia dignidad humana, sino que su ejercicio y goce depende del Estado, quien los reconoce o concede con mayor o menor extensión dependiendo de la coyuntura social del momento, cayéndose en una concepción utilitarista de los derechos humanos que permite recortarlos o ampliarlos según convenga en cada momento. Hasta hace bien poco, el Estado se limitaba a reconocer unos derechos fundamentales inherentes a la dignidad humana; actualmente, como no se sabe -o no se quiere saber- qué es la dignidad humana, ni cuál es el origen de los derechos humanos, es el Estado el que los concede conforme a criterios de “utilidad”, terminándose por vaciar el contenido de aquellos derechos fundamentales reivindicados intelectualmente por la Escuela de Salamanca del siglo XVI (Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, etc.), conquistados políticamente por el Estado liberal del siglo XIX, y objeto de reconocimiento expreso y solemne en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (10 de diciembre de 1948) del que se cumple de nuevo otro aniversario.

Celebremos, pues, el Día Internacional de los Derechos Humanos, pero seamos conscientes de que tales Derechos, a día de hoy, resultan en algunos aspectos más frágiles y precarios que antaño, ofreciendo una débil protección a los individuos frente a las presiones ejercidas por algunos lobbies y organizaciones internacionales que, al contar con el apoyo de unos Estados con un poder público omnímodo y una propaganda mediática imponente, terminan por “crear” derechos donde nunca han existido y vacían de contenido aquellos que antaño enarbolaron ellos mismos o nuestros antepasados, dejando a las personas inermes y sin verdaderos derechos.

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