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El estudiante universitario de hoy: su capacidad reflexiva

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Publicado en el diario Las Provincias. Domingo, 5 julio 2009

Universitas
El estudiante universitario de hoy: su capacidad reflexiva
Aniceto Masferrer. Profesor Titular de Historia del Derecho. Universitat de València.

Existe, entre no pocos estudiantes universitarios, una falsa concepción sobre la licenciatura de Derecho, así como de las diversas disciplinas que la componen, incluidas las que me ocupan en mi quehacer docente: la de que se trata, fundamentalmente, de memorizar o, como ellos suelen decir, «empollar». Y lo mismo se podría pensar respecto a las demás licenciaturas humanísticas y buena parte de las pertenecientes a las ciencias sociales. Nada más lejos de la realidad. Con ello no queremos decir que no sea necesario memorizar, sino que eso no es lo fundamental ni lo más importante. Más importante resultan la capacidad de comprensión, de análisis, de relación y de síntesis, operaciones intelectuales de mayor calado que la propiamente memorística.
Mi experiencia docente muestra que, conforme pasan los años, los estudiantes encuentran mayores dificultades en analizar, comprender, relacionar y sintetizar, sintiéndose más cómodos con la tarea meramente memorística, aunque luego tampoco memoricen demasiado. En este sentido, no pocas veces, por ejemplo, cuando se plantea una cuestión a un estudiante, su contestación refleja, bien que no ha entendido la pregunta, bien que no ha comprendido su objeto fundamental. Y cuando se les muestra su desconocimiento, frecuentemente la respuesta es «sí lo sé, pero no sé cómo expresarlo», «sí lo sé, pero no si me lo pregunta de esta manera».

Es cierto que, en el último siglo, el saber ha aumentado, se ha enriquecido y se ha especializado vertiginosamente, lo cual hace del estudio una labor más compleja y esforzada que antaño. También es cierto que el estudiante puede verse completamente desbordado ante la acumulación de unos contenidos sobre los que no siente atracción ni necesidad alguna de estudio. Pero no es menos cierto que más importante que la asimilación de contenidos es lograr despertar una capacidad de reflexión y análisis crítico que permita entender la cultura y la sociedad en la que se vive. De lo contrario, se corre el riesgo de salir de la Universidad con un cúmulo de conocimientos técnicos, mal digeridos, y sin capacidad alguna para hacer frente a los retos que la sociedad plantea a cada generación. Con estas palabras lo expresaba ya Ortega y Gasset en 1933:
«Cuando el saber era más breve, más elemental y más orgánico, estaba más cerca de poder ser verdaderamente sentido por el hombre medio que entonces lo asimilaba, lo recreaba y lo revitalizaba dentro de sí. Así se explica la colosal paradoja de estos decenios: que un gigantesco progreso de la cultura haya producido un tipo de hombre como el actual, indiscutiblemente más bárbaro que el de hace cien años. Y que la aculturación o cúmulo de cultura produzca paradójica pero automáticamente una rebarbarización de la humanidad» ‘(La Nación’, Buenos Aires, 23 de abril de 1933).

Así las cosas, quizá los profesores de Universidad debiéramos cambiar nuestra manera de impartir docencia, procurando estimular en el estudiante la ‘curiositas’ o la pasión por el conocimiento, yendo más al porqué que al cómo de la realidad. En efecto, de poco sirve el cómo de algo, por muy bien expuesto y exhaustivo que resulte, si no se ha logrado entender su porqué o sentido. En otras palabras, es conociendo el porqué cuando el cómo empieza a adquirir cierto interés, aunque el cómo siempre será secundario frente al porqué, esto es, frente a lo que verdaderamente da sentido a algo. Y mientras no se logre transmitir el sentido de lo que se estudia, no germina el interés ni la necesidad de estudiarlo. Y no hay empresa más compleja, por no decir imposible, que la de estudiar algo sin experimentar interés ni necesidad alguna de saberlo. De ahí que comparta plenamente el parecer de Ortega y Gasset, quien afirmaba que «enseñar no es primaria y fundamentalmente sino enseñar la necesidad de una ciencia y no enseñar la ciencia cuya necesidad sea imposible de hacer sentir al estudiante».